Eros un nacimiento del pecado
Autor: Vmmmmmmmmm
Prof: Chirinos Sanches, Maria Flor
El Olimpo
así se llamaba el reino de Dios estaba conformado por una sociedad de seres
celestiales.
Los humanos,
estaban en el nivel más inferior de la cadena celestial, amaban a seres como
ellos, así como a su rey supremo. Tenían una vida cíclica, es decir, nacen,
crecen, se reproducen y mueren. Estos viven en un lugar llamado tierra perteneciente al Olimpo. A
diferencia de los otros seres superiores a ellos, estos sí pueden morir. Ellos
siempre buscaban el bien, era una de las leyes de su Dios. Al buscar el bien,
libre de pecados después de la muerte podrán tener una vida majestuosa y sin
castigos.
Los
ángeles, se encargaban de la protección a los humanos, así como también que
estos no cometan pecado alguno, predicando la palabra de Dios en toda la tierra.
A diferencia de los humanos, los ángeles no podían amar a otro ser sino a su
Dios mismo. Los arcángeles eran mensajeros entre los humanos y Dios. Por
último, los serafines los que estaban a lado del trono del Dios, protegiéndolo
con trajes bañados de diamantes, espadas puntiagudas concebidas de oro y
cristal.
Entre
el Olimpo los ángeles, arcángeles y querubines predicaban una historia antigua
la de Hefesto un ángel hermoso y Afrodita un ángel con mucha sabiduría. Eran
una pareja que desafiaron las leyes de Dios, el cual fueron desterrados por el
mismo. Enamorándose, e ir contra las leyes del rey supremo. La verdad es que
los humanos podían amar a Dios y a otros de los suyos. No obstante, los ángeles
por naturaleza divina, de acuerdo a ley celestial solo podrían amar a su único
rey, Dios. Por ende, el enojo de Dios se hizo presente.
Era
diciembre, Dios estaba revisando las buenas obras que habían tenido sus
ángeles. De pronto dista entre la lista a dos nombres. Eran Hefesto y Afrodita cuyos
nombres estaban tachados con el color rojo, representaba la desobediencia.
Exclamo Dios fuertemente dirigiéndose a uno de sus serafines más obedientes era
Ares. Ares llamad a Hefesto y Afrodita. Ciertamente ambos ángeles acudieron a
Dios. Aquellos querubines habían estado pecando contra la ley que en el reino
se proclamaba. Dios muy desagrado e indignado, mostró severidad, pronunciando: serán
desterrados, si quieren amar a otros serán convertidos en humanos, en la tierra
pagarán todos sus pecados en cuyo lugar subyace el bien y el mal. La tierra
será su habitad desde este momento, y verán el sufrimiento que os puede causar
el pecado que han cometido. El primer hijo que intenten tener os padecerá su
pecado. Fueron mis hijos en algún momento, pero vosotros han resquebrajado mi
ley, por lo tanto, os destierro de este reino.
Ciertamente
ambos seres fueron enviados a la tierra. Habían pasado dos años y afrodita
estaba embarazada, a pesar de las indicaciones de su rey no habían hecho caso
alguno. Eros es así como lo llamarían. Estaba a pocos días de nacer. Dios sosegado
en aquel trono de oro con copos de cristal, bebiendo una taza de café. Un
arcángel tintineaba su trompeta, era señal de mensaje, provenía de la tierra. Señor
si señor os vengo a traer noticias de Hefesto y afrodita. Señor producto de su
amor nacerá Eros. Además, Afrodita tiene un mensaje para usted, que os perdone
y que si es posible ella daría la vida, a cambio si su hijo naciese sin ningún
mal u daño. Sin embargo, Dios con expresión latosa negó su petición. Al recibir
la respuesta Afrodita acongojada se puso a cavilar durante varios días. Habría encontrado la forma de proveerle sus
vistas a su hijo. La aflicción, el abatimiento y la tristeza recorrían en las
venas de su cuerpo. La pesadumbre embargaba su conciencia, os he hecho el más
grande mal por mi culpa por mi gran culpa describía.
Hefesto
llegó la hora, Eros llegara a este mundo. El asustado las sabanas alisto, la cama esta lista. Despacio Afrodita despacio
ya llegamos al cuarto, esgrimía suavemente sus manos. Llegaron al cuarto, ella
se acostó, empezaba con sonidos intermitentes, los quejidos vociferaban y se
difuminaban en el cuarto. La pesadumbre, por que nazca su hijo con un mal,
embargaba su mente. Hefesto muy afligido, les decía a Afrodita que puje, pero que
no se desesperase, todo iba salir bien, tranquila, serénate, vamos afrodita tu
puedes. La cabeza de Eros empezó a salir. Lleno de sangre Hefesto lo recibió,
llorando ante los ojos de Afrodita algo en él, su postura existencial
comunicaba algo extraño. Venid hacia mi Hefesto quiero conocerlo. El como
pensando que no hay otra cosa que hacer y no tenía otra opción, a los brazos de
ella fue a dar.
Hefesto
el rey supremo nos ha castigado. Mi niño a nacido sin ojos. Dios cumplió su
promesa, os desterrare y su primer hijo os padecerá su pecado, nos indicó. No
pudo contener más Hefesto se derrumbó en el piso, al ver a su hijo sin ojos lo
impresiono tanto, era evidente la acción. Afrodita, haría algo indescriptible,
afligida, adolorida y con angustia se sacó los ojos, poniéndolos a su hijo, si
mi pecado te ha de golpear y sufrir yo resarciré ese sufrimiento. Hefesto al
despertar encontró a su esposa muerta y a su hijo llorando con los ojos de su
amada.