lunes, 25 de noviembre de 2019

Lengua y literatura


Eros un nacimiento del pecado

Autor: Vmmmmmmmmm
Prof: Chirinos Sanches, Maria Flor

El Olimpo así se llamaba el reino de Dios estaba conformado por una sociedad de seres celestiales.

Los humanos, estaban en el nivel más inferior de la cadena celestial, amaban a seres como ellos, así como a su rey supremo. Tenían una vida cíclica, es decir, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Estos viven en un lugar llamado tierra perteneciente al Olimpo. A diferencia de los otros seres superiores a ellos, estos sí pueden morir. Ellos siempre buscaban el bien, era una de las leyes de su Dios. Al buscar el bien, libre de pecados después de la muerte podrán tener una vida majestuosa y sin castigos.

Los ángeles, se encargaban de la protección a los humanos, así como también que estos no cometan pecado alguno, predicando la palabra de Dios en toda la tierra. A diferencia de los humanos, los ángeles no podían amar a otro ser sino a su Dios mismo. Los arcángeles eran mensajeros entre los humanos y Dios. Por último, los serafines los que estaban a lado del trono del Dios, protegiéndolo con trajes bañados de diamantes, espadas puntiagudas concebidas de oro y cristal. 

Entre el Olimpo los ángeles, arcángeles y querubines predicaban una historia antigua la de Hefesto un ángel hermoso y Afrodita un ángel con mucha sabiduría. Eran una pareja que desafiaron las leyes de Dios, el cual fueron desterrados por el mismo. Enamorándose, e ir contra las leyes del rey supremo. La verdad es que los humanos podían amar a Dios y a otros de los suyos. No obstante, los ángeles por naturaleza divina, de acuerdo a ley celestial solo podrían amar a su único rey, Dios. Por ende, el enojo de Dios se hizo presente.

Era diciembre, Dios estaba revisando las buenas obras que habían tenido sus ángeles. De pronto dista entre la lista a dos nombres. Eran Hefesto y Afrodita cuyos nombres estaban tachados con el color rojo, representaba la desobediencia. Exclamo Dios fuertemente dirigiéndose a uno de sus serafines más obedientes era Ares. Ares llamad a Hefesto y Afrodita. Ciertamente ambos ángeles acudieron a Dios. Aquellos querubines habían estado pecando contra la ley que en el reino se proclamaba. Dios muy desagrado e indignado, mostró severidad, pronunciando: serán desterrados, si quieren amar a otros serán convertidos en humanos, en la tierra pagarán todos sus pecados en cuyo lugar subyace el bien y el mal. La tierra será su habitad desde este momento, y verán el sufrimiento que os puede causar el pecado que han cometido. El primer hijo que intenten tener os padecerá su pecado. Fueron mis hijos en algún momento, pero vosotros han resquebrajado mi ley, por lo tanto, os destierro de este reino.

Ciertamente ambos seres fueron enviados a la tierra. Habían pasado dos años y afrodita estaba embarazada, a pesar de las indicaciones de su rey no habían hecho caso alguno. Eros es así como lo llamarían. Estaba a pocos días de nacer. Dios sosegado en aquel trono de oro con copos de cristal, bebiendo una taza de café. Un arcángel tintineaba su trompeta, era señal de mensaje, provenía de la tierra. Señor si señor os vengo a traer noticias de Hefesto y afrodita. Señor producto de su amor nacerá Eros. Además, Afrodita tiene un mensaje para usted, que os perdone y que si es posible ella daría la vida, a cambio si su hijo naciese sin ningún mal u daño. Sin embargo, Dios con expresión latosa negó su petición. Al recibir la respuesta Afrodita acongojada se puso a cavilar durante varios días.  Habría encontrado la forma de proveerle sus vistas a su hijo. La aflicción, el abatimiento y la tristeza recorrían en las venas de su cuerpo. La pesadumbre embargaba su conciencia, os he hecho el más grande mal por mi culpa por mi gran culpa describía.

Hefesto llegó la hora, Eros llegara a este mundo. El asustado las sabanas alisto, la cama esta lista. Despacio Afrodita despacio ya llegamos al cuarto, esgrimía suavemente sus manos. Llegaron al cuarto, ella se acostó, empezaba con sonidos intermitentes, los quejidos vociferaban y se difuminaban en el cuarto. La pesadumbre, por que nazca su hijo con un mal, embargaba su mente. Hefesto muy afligido, les decía a Afrodita que puje, pero que no se desesperase, todo iba salir bien, tranquila, serénate, vamos afrodita tu puedes. La cabeza de Eros empezó a salir. Lleno de sangre Hefesto lo recibió, llorando ante los ojos de Afrodita algo en él, su postura existencial comunicaba algo extraño. Venid hacia mi Hefesto quiero conocerlo. El como pensando que no hay otra cosa que hacer y no tenía otra opción, a los brazos de ella fue a dar.

Hefesto el rey supremo nos ha castigado. Mi niño a nacido sin ojos. Dios cumplió su promesa, os desterrare y su primer hijo os padecerá su pecado, nos indicó. No pudo contener más Hefesto se derrumbó en el piso, al ver a su hijo sin ojos lo impresiono tanto, era evidente la acción. Afrodita, haría algo indescriptible, afligida, adolorida y con angustia se sacó los ojos, poniéndolos a su hijo, si mi pecado te ha de golpear y sufrir yo resarciré ese sufrimiento. Hefesto al despertar encontró a su esposa muerta y a su hijo llorando con los ojos de su amada.





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